En búsqueda de las raíces, una conversación con la directora Zulay Riascos.

junio 22, 2021

Zulay Riascos Zapata es una joven cineasta, productora, ilustradora y literata que desde hace más de cuatro años hace parte del equipo de Cimarrón Producciones, aportando con su innovadora visión a partir de los diferentes campos por los que se mueve. Con motivo de haber sido seleccionada con su miniserie web “Permiso de Ausencia” para la convocatoria internacional Black Women Disrupt the Web, hablamos con la artista que además es co-creadora de MUSA, Movimiento de Mujeres del sector audiovisual de Colombia, y ha sido curadora de la Muestra Afro de Bogotá en 2019 y 2020. 

L.S.: Cuéntanos de dónde surge la oportunidad de la convocatoria y cuál fue el proceso para aplicar. 

Z. R.: Fue un proceso cercano, en el sentido en que ya habíamos tenido como un primer acercamiento gracias a Manos Visibles. Nos llegó el nombre de la convocatoria a Cimarrón para difusión, pero después dijimos también somos mujeres negras y podemos participar porque literalmente la convocatoria estaba enfocada en Black Women Disrupt the Web, las mujeres negras irrumpen la web y esa era como la premisa, crear una convocatoria donde pudieran participar mujeres negras cineastas de diferentes partes del mundo, mujeres de Colombia, de Brasil, Kenia y Sur África. 

Entonces la intención era la de construir un puente afrodiaspórico en diferentes partes del mundo para ver cómo las mujeres negras narran a partir de su profesión los futuros negros. El tema en específico era un tema como muy ambiguo, muy abstracto, porque cuando te dicen que participes con una serie web de ficción y tu eliges el género para hablar sobre los futuros negros de entrada se nos ocurría el afrofuturismo, pero muchas veces la gente piensa que el afrofuturismo es esa corriente artística estética que es muy de ciencia ficción, entonces piensan en las naves espaciales, en los reinos, pero cuando empezamos a desglosar la convocatoria en Cimarrón pensamos en que el afrofuturismo no es solo eso. 

La pregunta es más hacia cuestionarnos por el pasado para cambiar el presente y poder ver el futuro, y ¿por qué es tan importante?, porque durante mucho tiempo las personas negras no podían ver el futuro por el tema de la esclavitud que duró tanto tiempo, el futuro era seguir siendo esclavos de una nación. La premisa de la convocatoria iba más hacia la posibilidad de poder pensarnos un futuro diferente, un futuro que quizá, idílicamente, cambie ese pasado que nos tocó vivir. A partir de ahí fue cuando decidimos no hacerlo desde la ciencia ficción, sobre todo porque da miedo, si se hace bien va a quedar muy bien, pero si lo haces mal se va a ver como una parodia o una comedia, por lo que quisimos meternos con géneros más cercanos, más universales, como lo son el drama y la comedia, pero hacer reír es super complicado. 

Entonces nuestra decisión fue contar cuatro historias, la primera era esta “Permiso de Ausencia”, las demás fueron de Heny, Dari y Laura Asprilla. Queríamos tocar diferentes puntos en diferentes historias, pero sin importar a cuál de nosotras escogieran porque la idea era participar, y quedó la mía. 

L.S.: ¿De dónde surge la necesidad de contar la historia desde la experiencia una mujer antropóloga que tiene depresión y ligarla a un espacio como Santander de Quilichao, en donde encuentra sus raíces?

Z. R.: Hay algo que hacemos en Cimarrón y es que queremos siempre tocar temas que en Colombia no se tocan o si lo hacen es muy sutilmente. Nosotras siempre tocamos la representación de las personas negras en la pantalla a partir de la personificación, es decir qué roles cumplen al momento de contar una historia. Nos preguntábamos por qué siempre las actrices negras hacen del rol de esclavas o de mujer doméstica pero no con una profesión. Eso nos frustraba un montón y decíamos que cuando contáramos historias lo hiciéramos desde mujeres profesionales que no necesariamente hayan tenido que ir a la universidad, sino también quitar un poco ese rol que siempre les dan a las personas negras de personajes secundarios y pare de contar. Dijimos y ¿qué pasa cuando una mujer negra es doctora, es abogada, es profesora? ¿dónde la podemos ver?, si no lo hace nadie más, lo hacemos nosotras. 

Otro tema que tocamos mucho es de la salud mental porque es fundamental. El año pasado tuvimos dos talleres que se llamaron “Desarmando a la mujer negra fuerte” y era sobre ese estereotipo en el que se percibe a la mujer negra como a la que no le pasa nada y es brava, entonces nos interesa tener en cuenta el tema de la salud mental en cada producción que hacemos, como en “Guardianas” y en “A mí también me paso”. No concebimos la existencia de un ser humano sin pensar en esa salud que es ese bienestar emocional que siempre se busca y que en definitiva en una persona negra a veces como se difumina por todas las problemáticas que evidenciamos, por el racismo, la discriminación, la falta de oportunidades y por el empobrecimiento. 

Y, por último, el tema de las raíces también es un tema que nos interesa tocar siempre. Era también preguntarme qué pasa cuando una mujer negra no nace en la ciudad, pero sí se cría ahí. Partí mucho, a mí también me pasó, en cuando uno llega de pequeño y va criándose en una ciudad, sobre todo en una como Bogotá en donde la presencia de personas negras no se nota mucho y hay ciertos estereotipos. Uno va perdiéndose un poco, pierde no sus raíces sino su identidad en el momento de sentir la discriminación y los micro racismos como con el pelo, los comentarios en la escuela y los espacios académicos. Quería un personaje que le aquejara eso, que no supiera quién es, pero que en un futuro en la historia se fuera encontrando. Quería partir también de esa dualidad de personajes como lo es Noralba, que es esa mujer que conoce sus raíces y de Soraya, que esa que hasta ahora las está encontrando. Me interesaba contarlo porque esa es una forma de evidenciar una problemática social y es como esa representación que tú no encuentras ni en la literatura ni en el cine.

¿Y por qué uní el territorio? Siempre he tenido una conexión con Santander de Quilichao porque mi mamá es de allá entonces había tenido la oportunidad de viajar, de vivir ese pedacito de territorio. Mi mamá me contaba muchas historias y a mi me interesaba un montón porque ella me contaba sobre mis abuelos y los papás de ellos que a la final también fueron esclavos. Y yo decía, bueno cómo hago para contar una serie de época sin presupuesto, después dije mejor contar hacia atrás y ver la historia de una persona buscando su pasado. Ahí se une el tema del afrofuturismo que en esta serie es en relación con Soraya, porque su presente es uno que no le gusta, es caótico, tiene depresión porque precisamente desconoce sus raíces y encuentra en la arqueología, que literalmente es la búsqueda de ese pasado, su ancestralidad. 

L.S.: Comentaste que debido a la pandemia debiste hacerle cambios a la historia, ¿cómo fue ese proceso de reescritura, fluyó o más bien se te dificultó?

Z.R.: Se me dificultó un montón porque la historia en un principio era ella acá en Bogotá y su viaje a Santander de Quilichao. Con la pandemia pues dijimos bueno se puede hacer, lo que pasa es que presupuestalmente era más difícil, eran viajes y estadías. Cuando vimos que era complicadísimo por temas de logística dijimos falseemos Santander en un lugar cercano a Bogotá. Santander es completamente diferente en cuanto a fachadas, atmósferas, calles y acá no hay nada que se le pueda parecer. Entonces pensamos en Agua de Dios que es un municipio que está como a cuatro horas, y ¿por qué Agua de Dios? porque tiene un aire como a municipio cálido y veíamos que tenía calles parecidas. Además, habíamos encontrado la casa de una matrona que se llama abuela Daira, es muy grande porque cosecha y siembra y dijimos de una es allá. 

Teníamos muchas locaciones, muchos personajes. Había un momento en que la protagonista iba a una zona de excavación, porque también lo chévere era verla a ella en campo. Pero no se pudo porque llegó el paro y la idea era grabar a mediados de abril, principios de mayo. Tuve que reescribirlo muchas veces y ya en la última parte fue como toca volver a contar la historia solo en Bogotá y con las locaciones y personajes que tengamos. En un principio eran como 15 personajes porque la idea era también darle vida a la historia a partir de extras figurantes, personas que hablaran y también sentir diferentes acentos. Como no se pudo lo reescribimos hasta llegar a cuatro personas, dos figurantes y a dos locaciones con sets adentro, porque también por movilidad nos preocupaba movernos de distancia a distancia.

L.S.: ¿Y estos cambios no chocaron con la convocatoria? El cambio de la historia y los detalles técnicos… 

Z.R.: Sí, pero lo bueno fue que el tema del paro fue como una cosa mundial, entonces eso terminó a la final como un punto a favor porque ellas podían ver desde afuera que no era digamos cuento mío, sino que veían en noticias y demás. Entonces lo que hicimos fue reunirnos y yo conté mi situación. Obviamente les había gustado mucho más la historia original y por eso había pasado. El viaje, el camino, porque a la final es metafórico el recorrido que ella tiene que hacer de Bogotá a Santander de Quilichao, pero pues también entendían que no se podía. Mis dos opciones eran reescribirla o no grabar, pero son cosas que a uno como realizador o cineasta se le salen de las manos. Yo quisiera hacerlo de una forma diferente, pero si el entorno en donde estoy no me lo permite no puedo hacer más. 

Siento que a la final todos son puntos a favores. Lo pienso más bien en experiencias y en aprendizaje, porque así también es el cine, es de reescribir, de luchar. Uno como cineasta ve si se para en el camino o si lo soluciona, porque durante la producción pueden ocurrir miles de cosas. Yo solté y dije que tenga lo que tenga que ser, dejar que todo fluya y no si lo hace por algo será. El lío en realidad fue volver a escribir porque es algo que come mucho tiempo y mientras mis compañeras de otros países ya tenían su segundo corte yo estaba rodando, entonces el problema es más que todo el tiempo para entregas. 

L.S.: Y hablando del tiempo, ¿por dónde y cuándo se exhibirán los cortos finales?

Z.R.: Ellos tienen una especie de showcase para presentar los trabajos y ahí dirán la persona que gané, se supone que es la primera semana de julio. La actividad va a ser una especie de proyección de todas las series web y a partir de ahí hay un camino con la finalista. Lo que tengo entendido es que quieren encontrar circuladores que les interese este tipo de temas de mujeres negras contando historias de los futuros negros y a partir de ahí los proyecten en plataformas, por lo que siempre se ha pensado que sea para la web. La búsqueda también es exhibirlo local y nacionalmente, buscar en qué festivales podemos convocar la historia, ya sea en festivales territoriales como el FICCA Kunta Kinte y esperar la recepción del público frente a esta historia.

L.S.: Para terminar, ¿qué opinión nos puedes dar de la situación actual del país desde tu posición como mujer artista?

Z.R.: Yo he estado muy a favor desde el principio con el tema del paro. No he podido hacerlo como quisiera, es decir manifestándome y salir a las calles, también porque esta situación nos muestra la realidad en que muchas personas viven y es que si tú sales a la calle y te manifiestas tienes la posibilidad de perder tu trabajo, es un panorama muy triste que viven muchos. Estamos a favor de esta situación de injusticia, pero a la final somos ciudadanos a pie que necesitan un recurso para poder subsistir. Lo que me ha ayudado muchísimo es ver la militancia que manejamos en Cimarrón, si bien no lo hacemos de una manera muy política si lo podemos hacer a través del arte, a través de un video, un artículo o una denuncia. Utilizar nuestros medios de comunicación como puente para denunciar, porque a la final son alternativos y eso es lo que nutre la narrativa del paro, encontrar en otros medios independientes esa comunicación, esa información, que se pierden en los medios masivos y que se filtra y se enmascara de múltiples formas de censura. 

No podría decirte que estoy emocionada, llevamos dos meses de paro y no ha habido un avance del presidente ni de los congresistas y es desalentador porque no hay puntos fijos para solucionar. Mi duda es hasta cuándo, hasta cuándo las muertes, hasta cuándo las masacres. Me da tristeza ver que la situación cada vez se va difuminando y cada vez menos personas luchan, se nota el cansancio del pueblo. Las muertes me han lastimado muchísimo, hasta un punto en que quiero alejarme un poco de redes. Sin embargo, como artista también me pregunto cómo hago yo desde un punto donde estoy lejana a nivel geográfico y no estoy viviendo la situación como otras personas. 

Lo que nos queda es la empatía, que puede generar muchos cambios. Y es que si somos empáticos podemos denunciar, por ejemplo, desde el arte que puede ser una herramienta de cambio. A la final la solución no es la indiferencia sino la empatía frente a los otros y frente al país, y lo que me preocupa es esa naturalización de la guerra. Quisiera que a partir del arte la situación fuera más esperanzadora. En Cimarrón lo hacemos, servir de puente de comunicación para las personas que estén interesadas en denunciar, porque creo que todo suma a la final. 

Mujer sonriendo con lentes

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Laura Silva Chaparro: soy profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá con estudios de cinematografía en la Ciudad de México. Tengo gran interés por el documental, el periodismo, la crónica y la historia. Mi gran obsesión es la corrección de estilo. 

Datos de contacto: 

laurasilvach00@gmail.com

laura_9408@hotmail.com

Dari Cuesta

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