«Yo no soy peli maldita» Resistencia desde el cuerpo: el cabello Afro

mayo 21, 2021

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Con el paso del tiempo y las batallas libradas a lo largo de la historia, es que reconocemos y hemos presenciado transformaciones que han cambiado la realidad hasta nuestros días, esa realidad que gobierna nuestro diario vivir. Sin embargo, así como la historia no es inamovible, el lenguaje hace presencia constante, crea y modifica, permitiéndonos entender las diferentes visiones que han constituido las experiencias, sufrimientos y avances de cada individuo perteneciente a una comunidad.  

Quilombo, cumbe, rochela o palenque, son términos que se emplean en Latinoamérica para denominar a aquellos lugares, con una organización política establecida, donde llegaban los esclavos cimarrones que se escapaban o emancipaban de su situación de esclavitud, la cual era aplicada a la fuerza a africanos sacados de sus tierras para reemplazar a la mano de obra indígena, cada vez más escasa en las colonias españolas. Estos lugares se caracterizaban por ser fuertes rodeados de empalizadas, vallas, levantadas que defendían la zona de quien quisiera atacarlos. 

Hoy, gracias a las acciones del líder de la rebelión de esclavos cimarrones, Benkos Biohó, San Basilio de Palenque es considerado el primer pueblo libre de América por decreto real del rey de España en el año 1713. 

Decenas de palenques se conformaron a lo largo del país, en las regiones Caribe y Pacífica, por los llamados cimarrones, que en esencia denominaba a algo o alguien salvaje que ha huido al campo. Estos, usaron sus cabellos para poco a poco asegurar esa huida y lograr la tan negada libertad; semillas y metales preciosos se escondían a plena vista de los esclavistas dentro de las cabelleras, con la esperanza de que sirvieran al momento de escapar. Además, también se relata que, en las cabezas de sus hijos, las madres tejían los mapas que conducían a los pueblos libres. 

Así como los palenques y los cimarrones se han resignificado como concepto y han establecido su importancia, alzando una bandera de identidad que no permite olvidar el pasado en miras hacia el futuro, el cabello ha tenido cada vez más fuerza para reconocerse como un acto de resistencia, de cultura y de belleza.

El desafío ha sido contra la idea establecida de “lo bello” que nos llega desde la cultura occidental, una idea que se ha repetido hasta el cansancio llevando a que quienes tienen cabello afro lo escondan o lo modifiquen. Movimientos como “Pelo bueno” de Cirle Tatis, han surgido para generar reflexiones en torno a temas como la imagen y el racismo que ha impulsado la idea de que el cabello afro es “pelo malo”. 

Así como Cirle Tatis y a la experta en derechos humanos Yindalina Tatem, que decidió dejar de alisarse el cabello a los 50 años al ver que nuevamente se estaba quedando calva, son muchas las chicas que han pasado por cuantos tratamientos y productos para alisar el cabello existen, hasta el punto de sufrir problemas médicos que comprometen el estado de la cabellera. Y así como ellas, cada vez son más las personas que han asumido el tema como el asunto político que siempre ha debido ser: nuestro cabello no es territorio de nadie más sino de nosotras. 

Esta ola de aceptación se ha visto impulsada por el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, con activistas como Angela Davis, en donde en ciudades como Chicago y Nueva York la estética urbana afroamericana se fue tomando las calles, el arte, el deporte, la música y la moda, hasta que, como las redes de la modernidad lo han permitido, llegó a nosotros como ejemplo de las posibilidades. Plataformas como Youtube están inundadas de videos y tutoriales sobre el cuidado y las tendencias al estilo “hazlo tú mismo” para el cabello; la representación es cada vez más cercana, alcanzable y realista. 

Hoy vemos tendencias en las pasarelas con el uso de los turbantes, el cual históricamente también responde a la resistencia afro y que se usó para diferentes fines: protegerse de la arena, cargar semillas, tomar agua o esconderlo de las mujeres blancas que sentían que iban a seducir a sus esposos con sus cabellos. 

Emilia Eneyda Valencia Murrain, docente chocoana, creadora del concurso de peinadoras “Tejiendo Esperanzas” y fundadora de la Asociación de Mujeres afrocolombianas (AMAFROCOL), siente que la gente negra fue estigmatizada y que las grandes ciudades obligaron al cambio, además de que los peinados eran asociados a las empleadas domésticas, o a las palenqueras como le decían sus conocidos y familiares a Cirle. 

“Si me llamo la atención una vez porque a una compañerita estábamos en 2° de primaria y fue a la escuela con churimas o como le dicen ahora, trenzas sueltas con el mismo pelo, y la maestra dizque la mandó a peinar y yo tenía como ocho años, y yo dije – ve esta porque la mandó a peinar si ella está bien peinada. (…) A los 3 años, cuando vine a parar al Bordo Cauca con unas tías, ellas me cortaron el cabello, porque ellas no sabían peinar… ¡Yo estrene afro, yo estrene afro! Antes de que se pusiera de moda en los EE. UU con el movimiento del Black Power.” (Entrevista a Emilia)

Es cierto que en el imaginario de varias personas y arraigado en las creencias de otras el cabello rizado se relacionado con una mala presentación, con una estética desagradable, y que dentro de la misma comunidad hay quienes creen que el cabello liso es más dócil. Sin embargo, para la Beba, como le dicen de cariño a María Elena González, su cabello no es malo. Desde Villa Paz, un corregimiento a 20 minutos de Jamundí, Valle del Cauca, busca con su salón “Belleza Negra”, enseñar y ayudar a niñas y mujeres a cuidar y valorar su cabello natural. 

Así como las mujeres ancestralmente han trenzado al son de las historias, María Elena ocupa el tiempo con las jóvenes para hablar de sus proyectos y de prevención sexual, temáticas difíciles de abordar en este y muchos otros lugares del país que han sido sistemáticamente abandonados por el Estado. 

Y sí bien es un tema que ha permanecido sobre la mesa, ha dado más de qué hablar y ha sido abordado por diferentes colectivos, el mito no se ha logrado desarticular del todo y el racismo sigue existiendo en las diferentes esferas de la sociedad, evitando que la posibilidad de decisión sobre el cuerpo logre despegar por completo. Mientras tanto son cabellos que vemos cada vez más en las calles: rizados, lisos, alborotados, trenzados, pintados, etc. Cabellos libres que salen junto con los demás y se unen por una misma causa: demandar por unos derechos básicos para vivir dignamente en el territorio nacional, vengamos de donde vengamos y veámonos como lo decidamos. 

Fuentes

Laura Silva Chaparro: soy profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá con estudios de cinematografía en Ciudad de México. Tengo gran interés por el documental, el periodismo, la historia, la edición y la corrección de estilo. 

Datos de contacto:

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